En la cornucopia de D. Gonzalo Figueroa…

En LA CORNUCOPIA de D. GONZALO FIGUEROA ARCAICA GRANDEZA JUDÍA. Revisando anotaciones, redescubro una transcripción manuscrita en idioma Inglés que realicé hace muchos años de un bello y encomiable documento datado en Francia entre los años 1160 y 1180. Se trata de un testamento ético y moralmente pormenorizado a favor de su hijo, de un padre Judío Español (Sefardita), Judah Ibn Tibbon, nacido en Granada pero emigrado a Francia, probablemente empujado por el insoportable fanatismo de los musulmanes almohades.El lenguaje empleado en el detallado texto de última voluntad es básicamente
quejumbroso, lo que hace pensar que el padre no confiaba demasiado en su heredero, si bien era usual en esos lojanos tiempos que las últimas voluntades no se limitaran al reparto de bienes, sino recomendaran también reglas de comportamiento a los beneficiarios, sobre todo ante el peligro de terceros entrometidos. Traduzco a continuación algunas de las prudentes advertencias del padre testador, adaptándolas libremente al español moderno.La introducción es tierna:»Hijo mío, escucha mis
preceptos. No descuides negligentemente mis órdenes. Coloca mis admoniciones ante tus ojos, pues así prosperarás y prolongarás tus días placenteramente.» Luego, recalca sus propios méritos paternos:»Tú sabes, hijo mío, cómo te puse los pañales y vigilé tu crecimiento, guiándote por los senderos de la sabiduría y la virtud. Te alimenté y te vestí. Sacrifiqué mi sueño para educarte y protegerte, así como para hacerte sabio frente a tus compañeros con el propósito de elevarte al más alto grado de la ciencia y la moral.»Y habiendo enviudado, le recalca: «En estos doce años me he negado a mí mismo los placeres y usuales relajamientos propios de los hombres, trabajando duro para cuidar tu herencia.»Tampoco descuídala parte intelectual, pues agrega:»Te he honrado suministrándote una extensa biblioteca para tu uso personal, por lo que te he liberado de la necesidad de pedir libros prestados.» Y el padre sigue con múltiples y sesudos consejos que escapan del limitado espacio de este artículo.Resulta edificante conprobar que , al final, los destinos del progenitor y su vástago no anduvieron desencaminados y destacaron con prestigiosos éxitos. El padrazo fue un reconocido traductor del Árabe al Hebreo, pero su hijo Samuel Ibn Tibbon, según cuentan las crónicas, superó a su progenitor, ya que se le consideró como un lexicógrafo brillante, cuyo principal mérito fue la traducción del Árabe al Hebreo de la obra de su compatriota cordobés Maimónides, GUÍA PARA LOS PERPLEJOS.
Tras el paso de tantos siglos, hazañas como las anteriores, atendido mi ignorante asombro, me convence de que debo leer esta obra.

Fuente: Diario de Cádiz